Mi patria eres tú
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Reconozco que me ha impresionado la cita elegida por José Luis Rodríguez Zapatero para conmemorar, al lado de Pedro Zerolo y de un selecto grupo de señoras, el Día de la Mujer Trabajadora. No me digan ustedes que no es bonito parafrasear a la escritora Virginia Wolf con estas bellas palabras: "Como mujer no tengo patria, como mujer mi patria es el mundo". Yo no sé muy bien lo que es para Zapatero la patria, ni lo que pintaba en un homenaje a las mujeres el concejal del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Zerolo, pero lo veo en la foto saludando con un beso y una sonrisa a Zapatero y me alegro por él. Da la impresión de que es el hombre más feliz del mundo. Sobre todo en un día tan señalado.
Mientras la oposición se lamenta de que los españoles todavía sigamos preguntándonos varios siglos después ¿qué es España?, llega el presidente del Gobierno y nos recuerda que la patria es algo etéreo, algo tan amplio y difuso como el mundo. Con lo fácil que hubiera sido decir que la patria es primero España y después el mundo mundial... Y lo mucho que se lo habría agradecido José Bono, que se siente cada día más sólo en su reivindicación de la unidad indivisible de España. Por que antes al menos tenía el apoyo de Paco Vázquez, pero ahora el ex alcalde de La Coruña se ha ido a ganar indulgencias al Vaticano.
La foto de Zapatero al lado del compañero Zerolo y de un grupo de mujeres, entre las que aparecen la fotógrafa Ouka Lele, Eva Hache, Cayetana Guillén Cuervo, Concha García Campoy, Trinidad Jiménez y Consuelo Rumí, entre otras, marca un punto de inflexión en la política de gestos de este Gobierno. Zapatero se siente mucho más cómodo al lado de la sociedad civil, es decir entre la ciudadanía, que haciendo frente a los órdagos que le lanzan los partidos nacionalistas catalanes.
Recibe con bastante más agrado un beso de Zerolo –ahí queda la foto para demostrarlo– que una invitación para recuperar el consenso y el acuerdo con la oposición liderada por Mariano Rajoy. Parece más amigo de lo superficial y accesorio que de los problemas que realmente preocupan en estos momentos a los españoles.
Las portadas de los periódicos de ayer jueves las acaparaban Zapatero y la vicepresidenta del Gobierno, por razones distintas pero con un mismo denominador común: la condición femenina. Mientras María Teresa Fernández de la Vega se hacía la foto bailando una danza tradicional mozambiqueña en el encuentro "España-África. Mujeres por un mundo" y saludando junto a Leire Pajín, Carmen Alborch y Carmen Caffarel, con sus cestitas típicas del lugar desde una cooperativa de anacardos en Maputo, Zapatero se hacía otra foto memorable al lado de Zerolo y de un grupo de mujeres cercanas al partido socialista. Eso sí, mucho menos exótica que la de María Teresa, pues el escenario no era Mozambique, sino el salón de Columnas del Palacio de la Moncloa.
La imagen del Gobierno, lo digo como lo siento, no sale nada favorecida en este tipo de fotos. Estas polémicas instantáneas sirven para alimentar las tertulias de radio y televisión, así como para desviar la atención sobre asuntos mucho más graves, pero dejan a sus protagonistas en evidencia. Mientras ETA continua con su goteo de bombas y los representantes del tripartito catalán pasean la señera por Miami, Zapatero recibe el beso cariñoso de Zerolo durante un homenaje a la mujer trabajadora y Fernández de la Vega busca soluciones para los problemas de la mujer africana.
No me digan que no es una provocación y un contrasentido, con todos mis respetos –por supuesto– para los millones de mujeres españolas que trabajan y que nunca han pisado la moqueta de Moncloa. Y no me digan que no podía haber destinado el Gobierno el dinero invertido en el multitudinario viaje a Mozambique a paliar las necesidades de aquella gente. Y sin necesidad de ir allí para salir en las fotos.
Nunca me han gustado los desfiles militares, pero mucho menos los desfiles de moda que tanto les gusta a las ministras de este Gobierno. En lugar de esas fotos con los pobres, podrían retratarse de otra manera. ¿Cómo?. Pues desviando una pequeña parte de su nómina a las necesidades de esas paupérrimas mujeres africanas a las que visitaron en Mozambique. Un gesto que todos aplaudiríamos. Incluido Zerolo.
PD: La semana pasada dije por error que les había "castigado" con más de ciento sesenta columnas en estos últimos cinco años. Pues no. Son más de doscientas sesenta. Se nota que soy de letras.