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“Habrá
niños en Irak
a los que esta guerra les
generará un odio inolvidable”
Javier Urra, Psicólogo de la Fiscalía
de Menores
Javier
Urra fue hasta hace poco el Defensor del Menor de
la Comunidad de Madrid y ahora es psicólogo
de la Fiscalía de Madrid y colaborador de UNICEF.
Esta semana ha estado en un colegio de Guadalajara
para hablar de la importancia de la educación
de los niños en la Paz. Aprovechamos la ocasión
para preguntarle por las secuelas que causa la guerra
en los niños . Para Urra es fundamental que
se restablezca cuanto antes la normalidad para que
el niño no pierda la sensación de seguridad.
Pedro
Aguilar
¿Cómo se explica que eduquemos
a los niños en la paz y luego justifiquemos la
guerra?
Los niños y los jóvenes aprenden lo que
ven más que lo que les dicen. Si ven guerras
reales, juegan con guerras virtuales o ven que sus padres
se tienen que agachar todos los días por si les
han puesto una bomba en el coche, se crea un ambiente
de violencia que sólo puede paliarse con el antídoto
de salir al campo y disfrutar con la naturaleza, con
los amigos, con la música, con la lectura.
¿Sin embargo no es ese clima de violencia
el que la sociedad quiere para sus hijos, o al menos
eso es lo que se dice?
Es cierto, todo el mundo quiere lo mejor para sus hijos,
pero luego habla mal del jefe, de la suegra, si le rozan
el coche sale con el gato... Todo eso se queda grabado
en el niño y por tanto deberíamos eliminar
todos los rasgos violentos físicos, emocionales.
La solución pasa por el respeto a los demás,
a los que no son como nosotros, a otras culturas, y
no ver al vecino como a un enemigo potencial.
¿Qué reacciones inmediatas provoca en
un niño la guerra? Me refiero a los niños
iraquíes que la padecen estos días.
Si la guerra produce la muerte de sus seres queridos
o la destrucción de su casa, por ejemplo, crea
secuelas post-traumáticas en el niño,
miedo, alteraciones de sueño. Ahora bien, los
niños aprenden a convivir con la guerra, tienen
tal ansia de ser felices que son capaces de jugar en
tiempos de guerra. Manu Leguineche trajo de Afganistán
unos dibujos hechos por los niños afganos que
eran muy llamativos. Se veía la huida, las bombas,
el fuego, pero también el maltrato a la mujer,
los juegos, es decir la cotidianidad de aquella sociedad.
Mira, lo que más necesita un niño es tener
sensación de seguridad. Cuando muere un padre,
o estos se separan, la pregunta del niño es:
¿Voy a poder seguir yendo al colegio?¿Voy
a poder tener amigos?¿Podré jugar? En
un congreso sobre la situación palestino-israelí
un especialista dijo que la mejor manera de acabar con
el conflicto en el futuro es que los niños construyeran
la paz con dibujos y escritos. La ONU les mandó
a todos los niños que participaron un diploma
para que lo colgaran en su habitación y vieran
todos los días la palabra paz. Me pareció
una buena idea.
¿Qué secuelas dejará en
el futuro esta guerra en los niños iraquíes
de hoy, mañana adultos?
Los niños pueden a veces superar los traumas
infantiles y no convertirse en personas amargadas. Habrá
un porcentaje que tengan capacidad para olvidar y perdonar.
Otros quedaran con miedos y siempre que oigan un ruido
se asustarán, padecerán insomnio. Y habrá
otros, sobre todo cuando hay pérdidas de allegados,
a los que la guerra les generará dolor y odio,
un odio muy visceral y difícil de olvidar. Dependerá
de las circunstancias de cada uno.
Se habla mucho del día después,
¿qué debería hacerse para intentar
paliar las secuelas de la guerra en los niños
iraquíes?
Lo primero es instaurar la normalidad. La normalidad
es que puedan ir a la escuela, jugar con los amigos,
poder salir a la calle, que no haya zonas militarizadas
y luego, es muy importante, el apoyo de profesionales.
Por muy buena voluntad que tenga, un soldado no sabe
cómo atender a un niño porque no ha sido
educado para ello. Hay que transmitirle que ha existido
una guerra pero que las cosas van a normalizarse. Hay
que procurar que vuelva a su rostro la sonrisa Hay que
mostrarles lo mejor del ser humano, la reconstrucción,
la solidaridad y la normalidad unida a grupos de apoyo
que organizaciones como UNICEF y otras ONG’s ya
tienen preparados para actuar allí.
Se habla mucho de la crueldad del niño,
¿la violencia está en los genes o se aprende?
La violencia se forma a partir de fallos educativos,
carencias emocionales, desprecio al otro, falta de afecto,
falta de límites de niños que lo tienen
todo. En un 99 por ciento depende de los aspectos educativos
y del entorno y desde los primeros días de vida,
no es una línea hereditaria ni mucho menos. Hay
quien siente placer por ejercer violencia como una forma
de tener poder sobre los demás.
Tiene mucha repercusión social el maltrato a
la mujer, sin embargo hay un gran maltrato a la infancia
que está un poco soterrado y tiene cifras alarmantes.
Hay mayor maltrato a los niños que a las mujeres,
lo que ocurre es que nunca salen las imágenes
y ojos que no ven... parece que es una realidad que
no está ahí. El ser humano natural no
puede creer que se maltrate a un niño , cuesta
creerlo, pero es así. Y también hay un
gran maltrato emocional con frases como “No me
quites tiempo...” “No vales para nada...”
que dañan mucho la autoestima del menor. Hay
mucho maltrato a los niños y niños que
maltratan a los compañeros o a las madres, por
desgracia tenemos todos los vectores.
¿Pero cómo se explica que un padre
pueda maltratar a un hijo?¿Cabe en cabeza humana?
Claro que cabe, no es exclusivo de personas enfermas
como la gente cree. Hay personas que aceptan muy mal
las situaciones y reaccionan de manera violenta a circunstancias
no controladas.
Aquí se ha vivido muy intensamente el caso Donovan.
Usted ha mantenido algunas discrepancias con los padres.
¿Qué ocurrió?
Es un caso que me ha perturbado y me ha disgustado mucho,
que no vi claro desde el principio. Era evidente que
había que llevar la investigación hasta
el final. No supe explicarme bien y los padres se enfrentaron
conmigo, pero enseguida pedí disculpas personal
y públicamente. Reconozco que dije frases duras,
que creía, por la experiencia en otros casos
anteriores, que Donovan no iba a parecer vivo y eso
resultó muy duro. Ahora lo que hay que hacer
es apoyar a esa familia. Es un caso más que,
por desgracia, afecta a los niños, pero para
mi queda con un gran interrogante.
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